Algunos motivos por los que pedir ayuda profesional

Por mucho que lo deseemos, no es posible -para nadie- vivir una vida perfecta, donde no existan problemas, todo el mundo sea plenamente feliz, nadie muera o se marche de nuestro lado, no se sufra…

Nadie es perfecto

Vivir conlleva la existencia de la imperfección, los errores, el dolor, el sufrimiento. Somos monedas de dos caras (Yin y Yang del taoísmo) y debemos aceptarlo; podemos caer de cara, es más, deseamos caer de cara cada vez la vida nos enfrenta a un nuevo lance… pero las leyes de la probabilidad no funcionan así y de vez en cuando resultará inevitable que en un lance salga cruz.

Cuando esto suceda, podremos optar por enfrentarnos a ese lance negativo u ocultar la cabeza bajo la arena como si de un avestruz se tratara, esperando que al sacarla de nuevo el panorama haya cambiado mágicamente.

Ocultar la cabeza y actuar como si nada pasara no es la solución.

Hay que aceptar que no somos perfectos, ni tenemos la respuesta o solución a todo cuanto suceda; que no podemos controlar cada aspecto de nuestras vidas para que todo marche como deseamos, y tras eso, buscar el mejor modo de hacer frente al problema, dificultad o dolor que nos atenaza.

No siempre puedes solo/a y no tienes por qué

Repito, nadie es perfecto. Los problemas y el dolor llegan siempre, pues son inevitables. Y cuando esto suceda, si optamos por enfrentarlo, contaremos básicamente con 3 opciones para encontrar la solución que alivie nuestro malestar:

  1. Intentar dar con la solución a solas. Sin comentar lo que nos sucede con nadie ni del entorno ni de otro ámbito.
  2. Sincerarnos con alguien en quien confiamos y buscar su apoyo y consejo, para ver si eso nos ayuda.
  3. Buscar ayuda profesional.

Unas veces elegiremos y pondremos en marcha una sola opción, mientras que en otras ocasiones transitaremos de una a otra y a otra a modo de etapas.

La decisión de buscar ayuda profesional no resulta fácil de tomar para todo el mundo. Y es que ir al psicólogo –aún hoy en día- lleva aparejado una serie de clichés que pueden hacer que la decisión se demore en el tiempo, por considerarlo algo que nos hace parecer débiles (o incluso locos). Dar el paso, la mayor parte de las veces responde a un proceso por el cual se va tomando conciencia, poco a poco, de que el mero transcurrir de los días y las buenas intenciones de nuestra red de apoyo no traen la solución.

Pedir ayuda no es de débiles

Existe una frase que es muy representativa de esto que digo: “Ser fuerte no significa vivir como si nada estuviera pasando, significa aceptar la realidad, aprender de ella y seguir adelante“.

Y en ese proceso de “aceptar, aprender y seguir” es donde recurrir a la ayuda profesional puede allanar el camino y acortar la duración del recorrido. ¿Alguien se atrevería a decir que esta estrategia es de débiles? No, porque no es de débiles, sino de personas inteligentes.

Buscar ayuda te traerá distintos beneficios en diferentes momentos del proceso: algunos vas a poder disfrutarlos casi inmediatamente, y otros se harán palpables más adelante (a medio y largo plazo), incluso tras finalizar la terapia.

Aquí te muestro 3 razones para dejarte ayudar por un Psicólogo/a:

1. Escucha sincera y sin juicios

¿Cuántos de nosotros no hemos tenido en ocasiones la sensación de que no nos escuchan de verdad?, ¿de que quien está oyéndonos está demasiado concentrado en expresar su opinión o darnos un consejo sin llegar a entender realmente lo que necesitamos?

 Los psicólogos estamos entrenados para escuchar auténticamente, sin prisas, tratando de entender lo que sucede más allá de las palabras, dando espacio a la expresión emocional… No nos dejamos llevar por la angustia de dar una respuesta o una solución inmediata a lo que se nos plantea, sin antes haber dado la oportunidad de hablar abiertamente y sin presiones a quien requiere nuestra ayuda.

Un profesional no solo oye las palabras que salen de tu boca, sino que recoge todo lo que acompaña, completa y matiza el mensaje verbal; es decir, presta atención no solo al lenguaje sino a tus gestos, tus emociones, tus reacciones, tus pausas y silencios… En definitiva, el psicólogo no oye tus problemas sino que te escucha a ti como persona.

Para poder ayudarte, el psicólogo debe conocerte, saber ver el mundo (tu mundo) a través de tus ojos, sin juzgar tu conducta o tu modo de pensar sino tratando de “ponerse en tus zapatos” y recorrer tu camino. Se parte de la base de que toda conducta (sea adecuada o no) tiene una intención positiva para la persona que la ejerce, cumple un fin; y como tal, se acepta.

Por tanto, en la terapia podrás expresarte libremente sin temor a ser juzgado o condenado. Ese no es nuestro papel. 

2.    Punto de vista externo, objetivo y profesional

Cuatro ojos ven mejor que dos y dos cabezas piensan mejor que una. Cierto, ¿no?

Cuando uno reflexiona sobre sus propias circunstancias, no es capaz de ver las cosas de un modo imparcial ni es capaz de “tomar distancia” para ver el problema desde todos los ángulos y no desde una posición fija.

Contarle la situación a alguien que no esté implicado puede ayudarnos a “ver” el asunto de un modo más completo y encontrar el mejor modo de hacer frente a la situación que nos provoca malestar.

Además, un psicólogo no va a opinar desde sus propias vivencias o valores, ni desde el afecto, puesto que no tiene un vínculo contigo. No se sentirá coaccionado a la hora de expresar su opinión por miedo a tu enfado o a “disgustarte” (cosa que sí es probable que suceda si recurrimos a la ayuda de familia o amigos).

Por el contrario, te ofrecerá una hipótesis que explique “qué te pasa” basada en sus conocimientos y experiencia profesional, y te propondrá soluciones en base a un tratamiento personalizado y adaptado a tus necesidades.

3.    Espacio y tiempo exclusivos

En tu vida cotidiana, ¿te dedicas tiempo a cuidarte?, ¿sin interrupciones?, ¿sin nada más que ocupe tu mente?

La terapia te ofrece la oportunidad de contar con un espacio y un tiempo que estará única y exclusivamente dedicado a ti y a abordar sin distracciones lo que te preocupa, hace sufrir, o paraliza.

Puede parecer algo obvio, pero muchas veces se nos olvida que ese espacio y tiempo son necesarios.

Si eres de los que se sitúa en un segundo lugar y antepone las necesidades de los demás a las suyas, de los que priorizan las cosas por hacer, las responsabilidades, etc. y no sabe parar a cuidarse, ni sabe dejar que otros le cuiden, buscar ayuda profesional puede ser un modo estupendo de empezar a “mimarse un poquito” y tener un tiempo y un espacio reservados únicamente para ti.

¿Te parecen buenas razones para decidirte a pedir ayuda profesional?

¡¡ Date la oportunidad de hacer las cosas diferentes!!

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