Sobreproteger: ¿qué peligro hay en ello?

Mientras la protección se entiende como un cuidado preventivo ante un eventual riesgo o problema, en el que defendemos a amparamos al protegido de algo o alguien que le puede ocasionar un daño, la sobreprotección es definida por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) como una reiteración de protección, con dominio o superioridad.

Proteger a nuestros hijos es algo inherente al ser humano. Así, la raza humana -como muchas razas animales- posee el instinto de protección de manera innata. De hecho, las propias circunstancias biológicas que hacen que nuestro cuerpo y nuestro cerebro adquieran las capacidades de manera escalonada, provocan que nuestra supervivencia esté en peligro si no contamos con los cuidados de un adulto durante nuestra etapa de crecimiento.

Desde que el bebé nace, se le protege primero físicamente (frio, hambre, sueño…) y luego psicológicamente. Sin embargo, un adecuado proceso de crianza implica necesariamente permitir progresivamente que el niño/a vaya adquiriendo mayores dosis de autonomía y de libertad. Debe aprender a caerse y a entender que puede levantarse sin ayuda, ensuciarse sin sentir que hace algo malo, enfadarse sin temor a dejar de ser querido, expresar opiniones distintas a las de sus cuidadores, hacer sus propias elecciones, equivocarse, etc.   Sigue leyendo

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